Aikido total, el curso maestro

Título original del libro: Total Aikido: The Master Course, de Gozo Shioda


Véase el libro on line aquí


Uno de los mejores libros de artes marciales que tengo. Gracias a él he mejorado sustancialmente en mi práctica de aikido desde que me llegó desde EEUU poco antes de las Navidades. Es más, mis compañeros de clase me reconocen que he mejorado mucho de repente.

Ahora tengo un conocimiento de las técnicas básicas tal que me permite ayudar a los pardillos que se van incorporando a la escuela de aikido del Club Bushido Colmenar Viejo a comprender la mecánica de las técnicas. Todo un lujo para ellos, que tienen la atención personalizada.

Además, esta comprensión más profunda de las técnicas nos ayuda en la práctica diaria a mí y a mi compañero/a, pues ya no hay los habituales estancamientos con las técnicas más complicadas. Todo es mucho más fluido y me ha hecho cambiar mi percepción del aikido.

Cuando comencé en aikido a finales del año 2005 pensé que se trataba de una práctica marcial para viejos como pudiera ser el tai chi. No hay combate y el nivel de exigencia física no parece muy elevado. De hecho, casi todos los componentes del grupo procedemos de otras marciales tradicionales: yo había practicado taekwondo durante muchos años hasta que me lesioné una rodilla por 3ª vez en muy poco espacio de tiempo y decidí dejarlo. La mayoría de los demás compañeros proceden del karate y del judo.

Tras asistir a las clases durante unos pocos meses estaba convencido de que la rodilla no sufriría y que podría practicar sin problemas. Si además de tener contacto con artes marciales hacía ejercicio me daría por satisfecho. No exigía demasiado, la verdad.

Pero fueron dos acontecimientos a finales del 2006 y principios del 2007 que cambiarían mi mentalidad y actitud ante el aikido.

En primer lugar la adquisión del libro "Total Aikido" de Gozo Shioda. Por fin tenía en un manual las explicaciones de las técnicas con indicaciones de los errores más comunes que cometemos los practicantes y que a partir de entonces trataría de evitar.

La pena es que el nivel está ahora tan alto que me está resultando muy complicado encontrar otro libro que esté a su altura y que me permita profundizar.

En las imágenes del libro de Shioda los practicantes ejecutan las técnicas sin hakama (para el que no sepa lo que es, se trata de esas faldas-pantalones oscuros característicos de los aikidokas), lo que facilita mucho la comprensión del movimiento. Me parece uno de los aciertos de este libro que no parecen imitar otras publicaciones. Y es que la estética es espectacular si vistes combinando prendas y colores... pero en una publicación didáctica hay que ser lo suficientemente espartanos para que nada accesorio impida captar detalles básicos de las técnicas.

El otro suceso que me abrió los ojos debió de ser la asistencia a uno de los cursos de defensa personal que impartió Luis Beamud García en la Federación de Karate de Madrid. Vi aplicaciones de ikkios, nikkios, sankkios (términos traducibles como primer, segundo y tercer control) y otras muchas técnicas de control, luxación o sumisión que también se practicarían en aikido pero que aún no he tenido oportunidad de practicar en el dojo de Colmenar.

En este curso, las técnicas básicas de aikido mencionadas se utilizaban con gran efectividad. Qué fácil puede ser controlar a una persona con un simple agarre de 4 dedos (sí, el dedo índice sobra, es un detalle muy importante que parece que la gente no recalca lo suficiente) en su muñeca o mano.

Desde entonces veo el aikido como un verdadero arte marcial. Lo que le distingue de otras prácticas es su forma de aprenderlo: 4 repeticiones (2 por la izquierda y 2 por la derecha) de la técnica por parte de tori (el que aplica la técnica), concentración en la ejecución de unas pocas pero muy efectivas técnicas de verdadera defensa personal, ausencia del golpeo (atemi) y de la competición formal.

No obstante, hay que matizar que, según Shioda, el sensei Morihei Ueshiba decía que el atemi formaría parte del un enfrentamiento real en un 70%, lo que resulta sorprendente para los que asisitimos a clase y no hacemos más atemi que para distraer a un uke (el que recibe la técnica) rígido en ocasiones.

Por último, quiero resaltar que en cuanto a lo de poca exigencia física, he descubierto que el aikido es tan exigente como uno quiera (prueba a levantarte del suelo sin parar durante gran parte de la hora y media que suelen durar las sesiones de entrenamiento). Aparte de ponerte fuerte trabajas la resistencia y la flexibilidad. ¿Qué más podemos pedir los viejos?

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