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Perversiones: La necesidad de tener cinturones negros y las competiciones en las artes marciales

Con independencia de que quede muy bien tener una clase llena de alumnos uniformados y que una gran parte de éstos luzcan el cinturón negro, discuto la necesidad de que esto sea una buena señal en una escuela de artes marciales.



EL CINTURÓN NEGRO

Está claro que los que empezamos en las artes marciales nos movemos en muchas ocasiones inducidos a obtener el cinturón negro. Ese parece el objetivo con el que nos sentiremos realizados “artísticamente en lo marcial”.


El alumno que entra en la escuela ve que hay cinturones de colores y que se discrimina a los alumnos por el color del cinturón, de modo que el alumno aspira a obtener el cinturón que marque un mayor nivel para quedar siempre por encima del resto (tal vez reflejo de nuestros valores sociales).


FORMAS PARA CONSEGUIR EL CINTURÓN NEGRO

Habitualmente sucede que el alumno se marca como objetivo obtener un cinturón negro, luego otro, luego otro... hasta llegar al 5º o 6º dan. ¿alguien se pregunta para qué?

Puedo entender que prepararse para el 1º dan en estilos “de golpeo” como taekwondo o karate pueda tener cierta utilidad ya que la precisión en la ejecución de las técnicas de brazo que aparecen en las formas (los pumses o katas) ayuda a mejorar la destreza en la ejecución de los movimientos. No lo dudo y de hecho considero que trabajar formas es algo, tal vez, de niños y/o más avanzado.

Como ya he reflejado antes en este blog, estoy en desacuerdo con la consideración de que sea simplemente un puño o una defensa un jirugui (tsuki) o un maki (uke). Creo que en el combate real habrá golpes, agarres (de las extremidades, del pelo, de las orejas, etc), y hasta suelo. Si creemos que las formas condensan las técnicas del combate, estaríamos haciendo el ridículo practicando esas formas estandarizadas por las federaciones.

Entonces ¿de qué sirve aprender formas y formas para sacarse un cinturón negro? Creo que para más bien poco. Con katas no se forma a un guerrero sino con trabajo intenso, algo que por lo demás adolecen los katas que sirven para aprobar los exámenes de cinturón negro.

De hecho, creo que trabajar mucho las formas trae a largo plazo lesiones en las rodillas por lanzar patadas al aire con fuerza y clavando las técnicas. O tal vez no me hayan enseñado a practicar formas correctamente... que tampoco me extrañaría, visto el alto índice de lesiones de rodilla que hay entre los practicantes de taekwondo.


En cualquier caso, ¿de qué sirve tanta forma? ¿Por qué hay que entrenar formas si quieres aprender a defenderte?

Soy más partidario del contacto con un compañero, de trabajar con él las sensaciones, el equilibrio, el dolor (no hay connotaciones sádicas o masocas aquí, ojo), la fuerza, la tensión... y luego, para pulir, desarrollar precisando nuestros movimientos hay que utilizar las formas.


¿Formas = sombra?

Los westerners (boxeo-kick boxing, wrestling) son más de sombra que de formas, pero en definitiva trabajan igualmente en solitario sus movimientos para mejorar la precisión de los movimientos, como hacen los easterners (artes marciales orientales con formas: taekwondo, karate, kung fu...).


Recuerdo que al sacarme el 1er dan de taekwondo me dijo un veterano judoka 2º dan que “a partir de ese momento es cuando empezaría a aprender”. Qué frase tan manida y vacía de sentido. Se empieza a aprender desde que puedes aplicar lo que sabes y en los 7 u 8 años que seguí en clases de taekwondo con un cinturón negro como parte del uniforme no aprendí ninguna aplicación nueva, sólo pumses superiores.

Fue al salirme del taekwondo y practicar otras cosas cuando empecé a aprender y descubrir aplicaciones de los moviemientos de los pumses. Cosas que nadie del mundo del taekwondo me había enseñado. Ahí es cuando empecé a descubrir el verdadero valor de los pumses: los pumses son el equivalente al trabajo de sombra.


¿COMPETIR EN SOMBRA?

Entonces, ¿por qué se hacen competiciones de formas? No veo a los boxeadores o wrestlers compitiendo para ver quién es mejor haciendo sombra ante un jurado.

Formas y sombra son mecanismos de entrenamiento en solitario, como lo pueden ser ejercicios pliométricos o somatotróficos y no me imagino competiciones de taekwondo o karate en modalidades de fondos, sentadillas o a ver quién hace más saltos jack o más patadas a los paos en un minuto.


Combate y competición

Igualmente las competiciones de combate (kyorugui en taekwondo) son absurdas. El combate ligero con unas normas debe ser uno de los mecanismos para el trabajo del estrés o la tensión de la pelea.



Y parte de la gracia está en poder cambiar las normas cada cierto tiempo. Por ejemplo, en un momento dado se hace pelea “de boxeo” sólo puños, en otro momento sólo de pies, en otro se combinan ambos elementos, en otro momento sólo vale agarrarse y se puede ir al suelo, en otro los golpes son al tronco y se puede agarrar tomando la nuca, randori de ataques y realizaciones de controles (como en aikido), desventaja numérica, etc.


Diferentes reglas, diferentes situaciones... hay que concienciar al alumno de que en la situación de caos de una pelea no hay reglas fijas casi nunca (ni siquiera una patada baja es eficaz siempre).


Entonces competir en combate deviene ridículo si es el objetivo final de las escuelas. El profesor que quiere que sus alumnos sean campeones a toda costa es un timador de las artes marciales simplemente porque no enseña al alumno a defenderse sino a competir y todos sabemos que para ser el campeón una de las claves es la especialización: El campeón será el que mejor se adapte a las restrictivas reglas de las competiciones y el que mejor efectúe sus ejercicios. Será un grandísimo atleta también, no hay duda, y tendrá sus opciones de noquear al típico borracho de bar al tener grandes reflejos, sentido de la distancia, potencia, etc.


Entrenar para pelear

Pero como no todos podemos ser campeones hay que economizar el tiempo disponible y entrenar sobre todo en aquello que resulte más práctico en las artes marciales, que no necesariamente en las competiciones deportivas de artes marciales.

Y la clave está en machacar, machacar y machacar los fundamentos técnicos (por ejemplo, unos directos, unas patadas bajas y unos agarres), físicos (fuerza, resistencia, potencia) y psicológicos (superar el miedo al agresor a base de enfrentarnos a situaciones de tensión).


Considero que no tiene mucho sentido practicar siempre la misma luxación de muñeca o la misma proyección. Hay que introducir variantes para entender mejor cómo funciona, pero sobre todo, cómo no funciona, la articulación o el equilibrio. Pero no se pueden incluir demasiadas variantes en cada sesión para evitar que los alumnos pierdan la atención y no puedan seguir el patrón que se ha establecido previamente (y que está marcado por: directos, patadas bajas y agarres; condición física, tensión...).


En contra del sistema actual de grados

En suma, creo que con el sistema actual de grados (taekwondo, karate, jiu jitsu, aikido, basado en la realización de formas "sin sentido práctico-aplicado") se ralentiza el aprendizaje de los guerreros. Me parece ineficaz aunque lo pueda comprender.

Tener cinturones negros y campeones en clase ayuda a mejorar el marketing de la escuela y el prestigio del profesor, pero, no nos engañemos, así no se forman guerreros sino simples deportistas que por sus cualidades y destrezas físicas tendrán alguna ventaja en una eventual confrontación, como también es el caso de, por ejemplo, los halteras o los jugadores de rugby, poderosos atletas todos ellos.


Por eso creo que no hay que echar por tierra los métodos de entrenamiento que no se ciñen, ni rigurosa ni libremente, a lo que hemos vivido con nuestros anteriores entrenadores ni a los de aquellos actuales que fabrican muchos campeones.

Como profesores hay que distinguir entre el deporte de competición y el ejercicio encaminado a la defensa personal.

Como empresarios hay que tener claro nuestro público objetivo y saber qué decirle y qué darle para que venga y pague.

Como alumnos hay que tener claros nuestros objetivos y preferencias y comentarlas al profesor, que, si es abierto, intentará aportarnos una solución que nos beneficie a nosotros, no a él (sí, yo te enseño, yo te enseño..., pero dame dinero, dame dinerooooo).


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