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Taekwondo, arte letal. La historia no contada

A Killing Art: The Untold History of Tae Kwon Do, de Alex Gillis

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Se trata de un libro donde se pretende dar una visión más terrenal del TKD a través de algunas peripecias de Choi Hong Hi.

Choi Hong Hi es considerado “el” fundador del TKD. Otros le consideran “uno de los fundadores” del TKD.

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El matiz viene a colación de las disputas que hubo entre los propios coreanos sobre por dónde debería dirigirse el negociete del TKD. Choi parece ser que era muy dictatorial y tal vez fuese suya la idea de “crear” un arte marcial coreana de la misma manera que el karate era japonés (por otra parte, en Okinawa probablemente digan que el karate no es japonés).

La cosa vino de que en los años 50 El general Choi estaba enseñando a los soldados coreanos karate como parte de su instrucción. El puede que odiase a los comunistas y japoneses por diversas anécdotas acontecidas a lo largo de su vida, como una guerra-ocupación por parte de los japoneses en Corea, la división de Corea en Norte y Sur según el paralelo 38, para dar pausa a las disputas de la URSS y EEUU, por la ubicación estratégica que tiene la región.

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Choi era 2º dan de karate en una época donde ser cinturón negro de karate parecía significar algo importante. Quiso desmarcarse de todo lo japonés y buscó que desde el gobierno se impulsara la creación de un estilo coreano propio que le diese mil vueltas al karate. Tenía que ser algo novedoso para darle mayor relevancia ya que los coreanos tenían por ejemplo el Tang soo do (lo que aprendió Carlitos “Chuck” Norris en la guerra de Corea). Pero Choi quería un estilo propio. No coreano, sino de Choi, donde él pudiese hacer y deshacer a su antojo.

A tal efecto se constituyó un comité del que saldría, tras varias reuniones y varias propuestas, el nombre del taekwondo, aunque el dictador surcoreano insistía en que lo que había visto en una exhibición era indudablemente taekkyon porque le recordaba a un “juego” de hacía muchos años y que era el arte coreano por antonomasia.

Choi se quedó en lo que se llamó la International Taekwondo Federation (ITF) y sus “enemigos” se quedaron en una asociación que luego se convertiría en la World Taekwondo Federation (WTF).

Choi se había dedicado al TKD dirigiendo demostraciones a lo largo y ancho del globo terráqueo (explotando/maltratando a sus atletas) y a publicar libros muy bien considerados en la época.

Es el que difundió los lazos del TKD con guerreros hwarang y antiguas dinastías coreanas para darle un aura de milenariedad al TKD. Amiguitos, no olvidéis nunca, cuando creéis vuestros estilos marciales, que debéis decir que el estilo ya se practicaba en tal o cual sitio hace miles de años, que se han descubierto figuras, dibujos que parecen indicarlo sin lugar a la duda.

Darle milenariedad a las cosas las hace prestigiosas.

Paralelamente a esto se libraba la guerra fría entre EEUU y la URSS. Entre las dos Coreas había muchos asuntos de espías, misiones de inteligencias, planes de asesinatos, etc. La CIA coreana era todo un grupo de poder en Corea a la que todos sus ciudadanos contribuyentes temían.

Un antiguo agente de la CIA acabó como presidente de la WTF Un Yong Kim. Es el que metió el TKD en las olimpiadas. En los 70 se eliminaron los golpes con mano a la cabeza en combate deportivo, lo que hizo que muchos se llevaran las mismas a la testa. ¿Pelear sin golpear con la mano en la cabeza? ¿es eso un arte marcial?

Choi aprovechó todas las ocasiones de que dispuso para echar por tierra a la WTF diciendo que eso no es TKD real. Otros decían que lo de la WTF es un deporte y lo de la ITF es un arte marcial. También se decía que el TKD ITF era el TKD tradicional.

También se deja caer que en todo este mundillo de políticos, agentes, militares, maestros, etc el soborno estaba a la orden del día.

En las olimpiadas las audiencias de las competiciones de TKD eran de las más bajas y se pensaba por parte del COI eliminar el TKD en el futuro. Kim consiguió que se mantuviera el tkd por dos ediciones más, prometiendo que la cosa cambiaría. Kim aspiró a suceder a J.A. Samaranch como presidente del COI sin éxito. Fue a la cárcel por escándalos de sobornos, tráfico de influencias y cosas parecidas.

John Rhee, uno de los fundadores del TKD, y que protagonizó en 1973 “When taekwondo strikes” (vedla y echaos unas risas, por favor) decía que para subir las audiencias habría que permitir los puños a la cara.

Yo añadiría que hay que permitir agarres y técnicas de luxación.

En definitiva, yo creo que debería tener un enfoque más de artes marciales mixtas y llamarlo pancracio como homenaje a lo que hacían los griegos en las olimpiadas de antaño.

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Al final del libro se dice también que el tkd tradicional (ITF) incluye en su repertorio habitual (y me refiero a los ejercicios cotidianos con compañero, no a los pumses) golpes con la mano a la cara, controles y luxaciones, derribos…

Me resulta curioso todo esto porque yo estuve en varios gimnasios de TKD y siempre sostuve que había dos estilos: el coreano (marcial) y el occidental (deportivo). Ahora parece que se haya puesto de moda denominarlos tradicional (el estilo orientado a la pelea de verdad) y deportivo (orientado al combate con reglas).

Por último, señalar que Choi estuvo viviendo durante bastantes años en Canadá y acabó regresando a Corea del Norte, donde él había nacido, a vivir sus últimos años. Volvía a una zona comunista, con lo que él odiaba a los comunistas… pero, claro, le habían ofrecido que él sería el mandamás del TKD allí y él no se pudo negar. Fueron a buscarle y ofrecerle poder. Quién se negaría a algo así. Con todo lo que había puesto a parir a los comunistas… El caso es que cuando murió le hicieron un funeral de estado, lo que hizo dar a entender que Choi podría haber sido un espía doble o algo parecido durante parte de su vida.


En fin, una historia desmitificadora, donde no hay hombres mágicos, nobleza, honor… sino luchas de poder, egolatría, megalomanía, sobornos, corrupción… en definitiva, los valores que perduran estos días en el submundo de las artes marciales.

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